El rol del contador ante el desafío de la ética

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El impacto de los resonados casos de corrupción que involucran a empresas líderes, tanto en nuestro país como en el orden internacional, obliga a que la sociedad en su conjunto sea cada vez más exigente en la rendición de cuentas referidas al comportamiento de las organizaciones, sus accionistas y directivos. Y esto abre nuevas oportunidades, desafíos y responsabilidades para los profesionales de las ciencias económicas.

La reputación, si bien es un intangible, ya se ha convertido en un activo clave no solo para la generación de valor de la empresa como ventaja competitiva (para atraer clientes y talentos), sino también para incorporar capitales, lo cual resulta clave para la subsistencia. El concepto excede largamente la idea básica de la responsabilidad social empresaria.

Las empresas deben mostrar en su balance social o memoria de sustentabilidad lo que están haciendo de cara a la sociedad. Nadie duda de que, tanto en la confección del balance social como en la auditoría, el profesional en ciencias económicas puede y debe tener una participación central.

Lo novedoso es la concepción de que ya no alcanza solo con los estados contables y el balance social para evaluar el desempeño de las empresas. En el reciente Congreso Internacional de Compliance, organizado por la Asociación de Ética y Compliance (AAEC), destacados expositores indicaron que “la corrupción estimada en la causa de los cuadernos asciende a US$35.000 millones” y que “los sobrecostos pueden alcanzar hasta un 25% de los contratos, sobre todo en la obra pública”.

Hace falta avanzar en los mecanismos de control de la gestión de los directorios a través de sus políticas de gobernanza. Las empresas deben ajustarse a las nuevas normas de la ley de responsabilidad penal de las personas jurídicas (la ley 27.401). Y, en tal sentido, deben contar con programas de integridad y cumplimiento de tal forma que, en caso de tener que demostrar algún hecho o circunstancia denunciada, terminen funcionando como atenuantes.

Justamente, tanto en el desarrollo de los programas enunciados como en la implementación y el control, la tarea del profesional en ciencias económicas se torna necesaria e imprescindible, aun considerando que esta temática recorre transversalmente toda la empresa y que seguramente quienes ejercen otras profesiones también podrían tener su incumbencia.

Debemos contar con las herramientas necesarias para desarrollarnos en esta especialidad que, por lo compleja y diversa, necesita la definición de un marco de actuación profesional y de manuales con lineamientos y recomendaciones; el reconocimiento de las áreas de riesgo; la determinación de una matriz de riesgos, y programas de integridad que nutran a la auditoría interna, siempre de la mano de los avances tecnológicos en una era eminentemente digital en la que se analizan gran cantidad de datos.

En este mismo sentido, el enfoque de la auditoría está evolucionando de acuerdo con los nuevos tiempos, convirtiendo a los profesionales de las ciencias económicas en sujetos de vital importancia para gestionar la organización de forma transparente, detectando y evitando los errores involuntarios o los fraudes, en pos de la protección del patrimonio societario y de un comportamiento más transparente y ético ante toda la sociedad.

El autor es secretario de la Federación Argentina de Consejos Profesionales de Ciencias Económicas (Facpe)

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